El Aita Mari de la ONG Salvamento Marítimo Humanitario, bautizado así en honor a un famoso marinero vasco que nunca dudó en lanzarse al mar y tratar de rescatar a quiénes estuvieran en apuros, se encuentra amarrado en el puerto de A Coruña.

Esta aquí porque no puede estar donde debería. El gobierno le ha prohibido navegar las aguas del Mediterráneo Central donde cada día se pierden vidas humanas.

En los últimos años el Mar Mediterráneo se ha convertido en un cementerio infame, una fosa común en la ya se han ahogado miles de personas huyendo de situaciones de conflicto aberrantes

“Huyen del Estado Islámico, huyen de la pobreza y huyen de guerras”, señalaba el capitán del barco, Marco Martínez, en su llegada a la ciudad “No existe un efecto llamada, como dicen las malas lenguas. Existe un efecto salida”.

Las autoridades Europeas mientras tanto permaneces impasibles. Se emiten informes, se constata una y otra vez la necesidad imperante de dar una solución conjunta y eficaz a esta crisis, se revelan estadísticas escalofriantes: 2.275 humanos se ahogaron tratando de llegar a Europa en el 2018 (que sepamos, recordemos que solamente se cuentan los cadáveres), el alto comisionado de la ONU para los refugiados sentencia: “salvar vidas en el mar no es una opción, ni una cuestión política, es una obligación ancestral” y el Papa Francisco repite “vergogna, vergogna!”.

Pero nadie hace NADA, y no sólo eso, se impide trabajar a los que no se resignan a simplemente dejar morir a los que naufragan.

El gobierno español ha denegado el permiso de navegación a los buques “Aita Mari” y “Open Arms” quienes, a pesar de no tener en sus manos la solución global del conflicto se niegan a permanecer impasibles ante tanto sufrimiento y muerte.

Tripulación del Aita Mari junto con Xosé Abad, coordinador de Acampa, en A Coruña

 

Marco Martínez explicaba durante su desembarco en A Coruña “durante este tiempo seis pateras han sido localizadas por los autoproclamados guardacostas Libios o por buques mercantes que han devuelto a su tripulación al país norteafricano, un lugar donde ahora mismo no hay Estado, donde se vulneran los derechos humanos y es habitual el tráfico de personas, realizando una devolución en caliente algo totalmente prohibido”.

“En este tiempo también han muerto 152 personas ahogadas mientras trataban de llegar a Europa desde Libia”. Las pateras se siguen echando a la mar aunque se suspendan las operaciones de rescate, no es una decisión pasajera la de las personas que deciden emprender esta travesía.

Marco también recalca que estas personas tienen un derecho adquirido por el hecho de ser naúfragos, además de migrantes. Los estados están obligados a cumplir con la legislación internacional que obliga a socorrer a aquellas personas cuya embarcación zozobra y a no dejarlas morir en el mar.

Tal y como apuntaba Xosé Abad, coordinador de Acampa, frente al Aita Mari “Seis personas al día mueren ahogadas en el Mediterráneo, nosotros no entendemos cómo se puede consentir esto. Pero aún menos entendemos que se impida trabajar a quiénes quieren salvar vidas”.

El año pasado se registró un descenso muy importante en las llegadas a Europa por mar, hecho que contradice a las voces populistas que quieren sembrar la desconfianza hablando de desbordamiento, fue de hecho el año con menos llegadas de los últimos cinco.

Sin embargo, se registró un considerable aumento de la mortalidad en las rutas migratorias debido en parte a las políticas migratorias de algunos países de la UE que han provocado que numerosas personas permanezcan en el mar varadas, días y días, a la espera de un puerto seguro en el que desembarcar. La otra opción es que sean devueltas de forma ilegal a países norteafricanos donde viven en condiciones deplorables en centros de detención, son víctimas de abusos, torturas y redes de tráfico de seres humanos. La última opción y a la que les estamos abocando, es perecer en el mar y en el olvido, como si nunca hubiesen sido.

 

¿Cuáles es la excusa de nuestro gobierno para bloquear las tareas de salvamento humanitario? “Afirman que el Aita Mari sólo tiene capacidad para navegar con 20 personas a bordo pero una cosa es el despacho y otra cosa son los naúfragos que se pueden llevar en un barco, nosotros tenemos capacidad para 120 naufrágos”

Los verdaderos motivos son políticos y residen en la necesidad del gobierno español en presionar a los gobiernos de Italia y Malta para que posibiliten el desembarco en el puerto seguro más cercano a la zona del naufragio.

“Acampa pola paz e o dereito ó refuxo” son los embajadores del “Aita Mari” en A Coruña, en el inicio de esta gira por varios puertos españoles en la que se pretende informar a la ciudadanía de los hechos que están ocurriendo, de las políticas criminales de nuestro gobierno y recabar todo el apoyo que sea posible para poner fin a esta situación.

Esta tarde, a las 19:30, en Casa Museo Casares Quiroga, Marco Martínez responderá a muchas más preguntas y nos permitirá conocer más fondo los detalles de esta injusticia.